La leyenda del Dragon Verde

Había una vez un país con príncipes y princesas, castillos y caballeros, artistas y artesanos. Ese país había sido muy rico, sus princesas vistiendo trajes de seda, sus artesanos fabricando adornos de oro y plata, sus caballeros viviendo gestas heróicas y sus artistas cantando esas gestas heróicas.

Un día llegó un gran dragón verde del desierto. Se hizo amigo de los pobladores del lugar, los que lo recibieron con confianza. Al poco tiempo de estar descubrió que la gente del país era pacífica, y que no tenía armas. Los caballeros tenían espadas sin otro valor que el decorativo, ya que sus gestas eran más simbólicas que violentas batallas. Cuando vio las riquezas de esta gente la codicia lo encegueció. El dragegueció. El dragón decidió apoderarse de todas las riquezas que veía a su alrededor, ya que sabía que nadie le opondría mucha resistencia. Luego de una cruel batalla donde los habitantes del país se defendieron como pudieron, el dragón se robó todos los adornos de oro, los trajes de seda, todos los objetos valiosos que encontró, y los guardó en una caverna. Como no podía robarse las vacas y las plantas y a la gente misma, amenazó con destruir las aldeas y matar al ganado si no le daban todos los años la mitad de las vacas y de los frutos de la tierra.

Así pasaron años, centurias y milenios.

Llegó el día en que un príncipe decidió que el dragón no podía seguir abusando de su pueblo. Trató primero de razonar con él, pero quien haya razonado con un dragón sabe que es imposible, ya que los dragones no pueden pensar más allá de dos mas dos es cuatro. Luego intentó la fuerza, pero quien haya peleado con un dragón sabe que es imposible, ya que los dragones son mucho más fuertes que los humanos.

Realizó largos viajes en busca de algo con que enfrentar al dragón. Hablando con druidas de tierras lejanas descubrió que hay una sola criatura que puede luchar con un dragon y tener alguna posibilidad de vencer: otro dragón. Por supuesto, conseguir un dragón que luche por uno es imposible, ya que sólo luchan por si mismos, y, a veces, por los de su especie. Pero un viejo druida le dio la respuesta: 'Si hay que ser un dragón para poder vencer, hay una magia que nos permite convertirnos en dragones'. Preparó una bebida con unas hierbas mágicas y prohibidas que cultivaba en secreto y se la dió.

Cuando el príncipe volvió a enfrentarse con su enemigo tomó la bebida mágica, la que lo convirtió en un dragón por suficiente tiempo como para vencer y matar al dragón maléfico.

Una vez liberado el país de su opresor, la riqueza volvíó a su pueblo y proclamaron al príncipe su nuevo rey. Como siempre existía el peligro de que otro dragón se entere de la suerte del primero y quiera tomar venganza o simplemente llevarse el tesoro, el druida dijo: 'Si alguna vez aparece alguna vez aparece otro dragón verde que abuse de nuestro pueblo, le daré una botella de mi bebida mágica a cualquier príncipe o princesa que se anime a enfrentarlo'.