Fábulas de Samaniego. SEGUNDA PARTE. Fábulas 21 a 30.

De Felix María de Samaniego (1745-1801).


21- EL LEON Y EL RATON

Estaba un ratoncillo aprisionado
en las garras de un León; el desdichado
en tal ratonera no fue preso
por ladrón de tocino ni de queso,
sino por que con otros molestaba
al León, que en su retiro descansaba.

Pide perdón, llorando su insolencia.
Al oír implorar la real clemencia,
responde el rey en majestuoso tono
(No dijera más Tito): -Te perdono!
Poco después, cazando el León, tropieza
en una red oculta en la maleza.

Quiere salir; más queda prisionero.
Atronando la selva, ruge fiero.
El libre ratoncillo, que lo siente,
corriendo llega, roe diligente
los nudos de la red, de tal manera
que al fín rompió los grillos de la fiera.

Conviene al poderoso
para los infelices ser piadoso.
Tal vez se puede ver necesitado
del auxilio de aquel más desdichado.
 

22- EL LADRON

Para catar una colmena
cierto goloso Ladrón,
del venenoso aguijón tuvo que sufrir la pena.

-La miel, dice, está muy buena:
es un bocado exquisito;
por el aguijón maldito
no volveré al colmenar.

Lo que tiene encontrar
la pena tras el delito!
 

23- LA ZORRA Y LA CIGUEñA

Una Zorra se empeña
en dar una comida a la Cigueña.
La convidó con tales expresiones,
que anunciaba sin duda provisiones
de lo más excelente y exquisito.

Acepta alegre, va con apetito;
pero encontró en la mesa solamente
jigote claro sobre chata fuente.

En vano a la comida picoteaba,
pues era, para el guiso que miraba,
inútil tenedor su largo pico.

La Zorra, con la lengua y el hocico,
limpió tan bien su fuente, que pudiera
servir de fregratriz si a Holanda fuera.

Mas de allí a poco tiempo, convidada
de la Cigueña, halla preparada
una redoma de jigote llena.

Allí fué su aflicción; allí su pena:
el hocico goloso al punto asoma
al cuello de la hidrópica redoma;
mas en vano, pues era tan estrecho
cual si por la Cigueña fuese hecho.

Envidiosa de ver que a conveniencia
chupaba la del pico a su presencia,
vuelve, tienta, discurre,
huele, se desatina, en fin, se aburre.

Marchó rabo entre piernas, tan corrida,
que ni aun tuvo siquiera la salida
de decir: están verdes! como antaño.
También hay para pícaros engaño!

24- EL CIERVO Y LOS BUEYES

Con inminente riesgo de su vida,
un Ciervo se escapó de la batida,
y en la quinta cercana, de repente,
se metió en el establo incautamente.

Dícele un Buey: -Ignoras, desdichado,
que aquí viven los hombres? Ah, cuidado!
Detente, y hallarás tanto reposo
como perdiz en boca de raposo.

El Ciervo respondió: -Pero, no obstante,
dejadme descansar algún instante,
y en la ocasión primera
al bosque espeso emprendo mi carrera.

Oculto entre el ramaje permanece
A la noche el boyero se aparece;
al ganado reparte el aliento
nada divisa; sálese al momento.

El mayoral y los criados entran,
y tampoco le encuentran.
Libre del aquel apuro,
el Ciervo se contaba por seguro.

Pero el Buey más anciano
le dice: -Qué! Te alegras tan temprano?
Si el amo llega, lo perdiste todo.
Yo le llamo Cien-ojos por apodo.
Más, chitón, que ya viene!

Entra Cien-ojos, todo lo previene;
a los rústicos dice: -No hay consuelo!
Las colleras tiradas por el suelo;
limpio el pesebre, pero muy de paso;
el ramaje muy seco y muy escaso!
Señor mayoral, es éste buen gobierno?-

En esto mira el enramado cuerno
del triste ciervo; grita, acuden todos
contra el pobre animal de varios modos,
y a la rústica usanza
se celebró la fiesta de matanza.

Esto quiere decir que el amo bueno
no se debe fiar del ojo ajeno.

25- LOS ANIMALES CON PESTE

En los montes, los valles y collados
de animales poblados,
se introdujo la peste de tal modo,
que en un momento lo inficiona todo.

Allí donde su corte el León tenía,
mirando cada día
las cacerías, luchas y correras
de mansos brutos y de bestias fieras,
se veían los campos ya cubiertos
de enfermos miserables y de muertos.

-Mis amados hermanos
exclamó el triste rey; mis cortesanos,
ya veis que el justo cielo nos obliga
a implorar su piedad, pues nos castiga
con tan horrenda plaga!

Tal vez se aplacará con que se le haga
sacrificio de aquel más delincuente
y muera el pecador, no el inocente.
Confiese todo el mundo su pecado:

Yo, cruel, sanguinario, he devorado
inocentes corderos,
ya vacas, ya terneros,
y he sido, a fuerza de delito tanto,
de la selva terror, del bosque espanto.

-Señor, dijo la Zorra, en todo eso
no se hallá más exceso
que el de vuestra bondad, pues que se digna
de teñir en la sangre ruín, indigna
de los viles carnudos animales,
los sacros dientes y las yñas reales.

Trató la corte al León de escrupuloso.
Allí el Tigre, de la Onza y Oso
se oyeron confesiones
de robos y de muertes a millones;
mas entre la grandeza, sin lisonja,
pasaron por escrúpulos de monja.

El Asno, sin embargo, muy confuso,
prorrumpió: -Yo me acuso
que al pasar por un trigo este verano,
yo habriento, él lozano,
sin guarda ni testigo,
caí en la tentación, comí del trigo.

-Del trigo! Y un jumento!,
gritó la Zorra. Horrible atrevimiento!
Los cortesanos claman: Este, éste,
irrita al Cielo que nos da la peste!-
Pronuncia el rey de muerte la sentencia,
y ejecutóla el Lobo a su presencia.

Te juzgarán virtuoso,
si eres, aunque perverso. poderoso;
y aunque bueno, por malo destestable
cuando te miren pobre y miserable.
Este hallará en la corte quien lo vea,
y aun en el mundo todo. Pobre Astrea!

26- EL HACHA Y EL MANGO

Un hombre que en el bosque se miraba
con un hacha sin mando, suplicaba
a los árboles diesen la madera
que más sólida fuera
para hacerle uno fuerte y muy durable.

Al punto la arboleda innumerable
le cedió el acebuche, y él, contento,
perfeccionando luego su instrumento,
de rama en rama va cortando a gusto
del alto roble el brazo más robusto.

Y a los árboles todos recorría,
y mientras los mejores elegía,
dijo la triste Encina al Fresno: - Amigo,
infeliz del que ayuda a su enemigo!

27- LA TORTUGA Y EL AGUILA

Una tortuga a un aguila rogaba
le enseñase a Volar; así le hablaba:
-Con sólo que me des cuatro lecciones
ligera volaré por las regiones:

Ya remonmtando el vuelo
por medio de los aires hasta el cielo.
veré crecano el Sol y las estrellas
y otras cien cosas bellas.

Ya, rápida, bajando,
de ciudad en ciudad iré pasando:
u de este fácil delicioso modo
lograré en pocos días verlo todo.-

La Aguila se río del desatino.
Le aconseja que siga su destino
cazando torpemente con paciencia,
pues lo dispuso así la Providencia.

Ella insiste en su antojo ciegamente,
La reina de las aves prontamente
la arrebata, la lleva por las nubes.
-Mira, le dice, mira cómo subes.

Y al preguntarle, dijo: -Vas contenta?-
Y la deja caer y la revienta.
Para que así escarmiente
quien desprecía el consejo del prudente.

29- EL ZAPATERO MEDICO

Un inhábil y hambriento zapatero
en la corte por médico corría.
Con un contraveneno que fingía,
ganó fama y dinero.

Estaba el Rey postrado en una cama
de una grave dolencia.
Para hacer la experiencia
del talento del médico, le llama;
el antídoto pide, y en un vaso
finge el Rey que lo mezcla con veneno.

Se lo manda beber; el tal galeno
teme morir; confiesa todo el caso,
y dice que sin ciencia
logró hacerse doctor de grande precio
por la credulidad del vulgo necio.

Convoca el Rey al pueblo. -Qué demencia
es la vuestra, exclamó, que habeís fiado
la salud francamente
de un hombre a queien la gente
ni aun quería fiarle su calzado!

Esto para los crédulos se cuenta,
en quienes tiene el charlatán su venta.

30- EL ASNO INFELIZ

Yo conocí un jumento
que murió muy contento
por creer (y no iba fuera de camino)
que así cesaba su fatal destino.

Pero la adversa suerte
aun después de su muerte
los persiguió: dispuso que al difunto
le arrancasen el cuero luego al punto
para hacer tamboriles
y que en los regocijos pastoriles
bailasen las zagalas en el prado
al son de su pellejo baqueteado.

Quien por su mala estrella es ínfelice
aun muerto lo será: Fedro lo dice.


Fábulas de Samaniego. Segunda parte. Fábulas 21 a 30.